Colombia lanzó la Operación Sultana tras dos ataques atribuidos a disidencias de las FARC que dejaron 19 muertos y decenas de heridos.
Colombia atraviesa su peor crisis de violencia en una década tras dos ataques que dejaron 19 muertos en Cali y Antioquia. En la primera ciudad, un camión bomba explotó cerca de una escuela de aviación militar, causando la muerte de seis civiles y más de 60 heridos. Horas antes, en Antioquia, 13 policías murieron al ser derribado un helicóptero por disidentes de las FARC mediante drones y armas de fuego.
El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, anunció la Operación Sultana para reforzar la seguridad en la región y combatir a las disidencias responsables, que rechazaron el acuerdo de paz de 2016. Las autoridades confirmaron la captura de dos sospechosos, incluido alias “Sebastián”, señalado como miembro del Estado Mayor Central bajo el mando de Iván Mordisco. El presidente Gustavo Petro reconoció que el país enfrenta “una mafia internacional” y que hubo una “falla de inteligencia” en la prevención de los atentados.
Analistas advierten que estos hechos buscan generar un clima de zozobra de cara a las elecciones de 2026. La violencia recrudecida, sumada al magnicidio del senador Miguel Uribe, revive los fantasmas de la violencia política de los años 80 y 90. Mientras la oposición critica la estrategia de diálogo de Petro, la ONU alerta que la producción de cocaína ha alcanzado niveles récord durante su mandato.

















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