Groenlandia vuelve al centro del interés de EE. UU. con Donald Trump, por su valor estratégico, recursos y seguridad, generando tensión con Dinamarca y la UE.
Groenlandia, territorio autónomo del Reino de Dinamarca situado entre los océanos Atlántico y Ártico, ha vuelto a ocupar un lugar central en la política internacional por el renovado interés de Donald Trump. Con una población de unos 56,000 habitantes y vastas reservas de minerales y tierras raras, la isla es considerada estratégica por Washington, especialmente ante el deshielo progresivo del Ártico y su impacto geopolítico y económico.
Las tensiones se intensificaron tras visitas recientes de figuras estadounidenses, como Donald Trump Jr. y el vicepresidente JD Vance, a instalaciones en la isla. Declaraciones de Trump sobre la posibilidad de comprar Groenlandia o incluso recurrir al uso de la fuerza provocaron una reacción inmediata de Dinamarca y de varios gobiernos europeos. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, reiteró que “Groenlandia no está en venta”, mientras Bruselas subrayó la importancia de respetar la integridad territorial danesa.
El interés estadounidense por Groenlandia no es nuevo. Ya en el siglo XIX se consideraba su valor estratégico, y durante la Segunda Guerra Mundial se establecieron acuerdos de defensa que permitieron a EE. UU. instalar bases militares, incluida la de Thule, clave durante la Guerra Fría. Aunque autoridades groenlandesas han mostrado apertura a una mayor cooperación económica con Washington, encuestas recientes indican que la mayoría de la población rechaza abandonar el vínculo con Dinamarca, manteniendo así un delicado equilibrio entre autonomía, seguridad y soberanía.

















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