EE. UU. mantiene máxima presión sobre Cuba con sanciones y bloqueo petrolero que agravan la crisis económica y social en la isla.
La política de máxima presión impulsada por Estados Unidos contra Cuba cumplió seis meses con un endurecimiento de las sanciones económicas y del bloqueo petrolero, medidas que han agravado la crisis que atraviesa la isla. Las restricciones han impactado el suministro de combustible, incrementado los apagones y provocado la salida de varias empresas extranjeras que operaban en el país, mientras persisten las tensiones entre ambos gobiernos.
Washington puso en marcha esta estrategia a comienzos de enero y, desde entonces, ha ampliado las medidas de presión económica y diplomática. "Si estuviera en La Habana, estaría preocupado", dijo entonces el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio. Paralelamente, ambos países han mantenido reuniones de diálogo sobre asuntos políticos, seguridad y defensa, aunque Estados Unidos insiste en exigir cambios estructurales, mientras el Gobierno cubano sostiene que esas decisiones forman parte de su soberanía y no están sujetas a negociación.
Las consecuencias de estas medidas se reflejan en el deterioro de las condiciones de vida de la población cubana, con prolongados apagones, dificultades en el transporte, afectaciones a los servicios de salud, problemas en las telecomunicaciones y crecientes protestas ciudadanas. Aunque el Gobierno de Miguel Díaz-Canel aprobó recientemente un amplio paquete de reformas económicas, aseguró que estas no responden a las presiones de Washington, mientras la incertidumbre continúa marcando el panorama político y social de la isla.

















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