Aumentan consultas por trastornos del neurodesarrollo en Santiago, donde más familias buscan diagnóstico y tratamiento oportuno para niños y adolescentes.
La demanda de atención por trastornos del neurodesarrollo ha experimentado un notable crecimiento en Santiago durante los últimos cinco años, según datos de la Unidad de Psicología Especializada (UPSE) de la Clínica Corominas. La cantidad de pacientes atendidos casi se ha duplicado, reflejando que cada vez más familias buscan evaluación, diagnóstico e intervención para niños y adolescentes con dificultades en su desarrollo. De acuerdo con la especialista Saray Espinal Gómez, los casos más frecuentes corresponden al trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), trastornos del espectro autista (TEA), trastornos del aprendizaje y alteraciones conductuales. “La mayor cantidad de pacientes que estamos recibiendo en este momento corresponde a trastornos del neurodesarrollo. Los porcentajes más altos son por trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), trastornos del espectro autista (TEA), trastornos del aprendizaje y alteraciones conductuales”, explicó.
La especialista indicó que la mayoría de los pacientes infantiles son remitidos por las escuelas, donde los docentes detectan señales relacionadas con problemas de aprendizaje, atención o interacción social. Sin embargo, destacó que también aumenta el número de padres que buscan ayuda de manera preventiva al identificar diferencias en el desarrollo de sus hijos. Espinal insistió en la importancia de fortalecer la detección temprana desde el ámbito médico para mejorar el pronóstico de los menores. “Debemos seguir trabajando con los pediatras para que hagan más referencias tempranas; mientras más rápido evaluemos a un niño, mayores serán sus oportunidades”. Asimismo, subrayó que ningún tratamiento inicia sin una evaluación clínica respaldada por pruebas científicas y que el proceso también implica orientar emocionalmente a las familias. “Los padres hacen un duelo al recibir el diagnóstico y es completamente normal. Es duro”.
A medida que los pacientes avanzan hacia la adolescencia, las consultas se orientan con mayor frecuencia a problemas de salud mental como ansiedad, depresión y trastornos de conducta, muchas veces relacionados con el acoso escolar o conflictos familiares. La especialista también expresó preocupación por el aumento del consumo temprano de marihuana, vapeadores y alcohol entre adolescentes, debido a sus efectos sobre un cerebro aún en desarrollo. Finalmente, resaltó el papel fundamental de las familias en el proceso terapéutico y reiteró la importancia de actuar ante las primeras señales de alerta. “Un diagnóstico no define a un niño. Si hay retrasos en el habla, cambios abruptos de conducta o dificultades para socializar, no hay que esperar a que el problema crezca. La detección temprana es lo que realmente transforma su futuro”.

















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