Las pensiones mínimas, la falta de asistencia estatal y el éxodo de familiares han dejado a miles de adultos mayores en Cuba vendiendo en la calle para sobrevivir.
La vejez en Cuba se ha convertido en una lucha diaria por la supervivencia. Con una pensión mínima de apenas 1.528 pesos (alrededor de 13 dólares a tasa oficial), muchos ancianos se ven obligados a vender café, cigarrillos o artículos usados en las calles para alimentarse. Más del 25 % de la población cubana supera los 60 años, y cerca del 40 % de los jubilados recibe la pensión más baja, insuficiente ante la creciente inflación y el desabastecimiento.
El éxodo migratorio desde 2022 ha dejado a miles de mayores sin apoyo familiar. A la escasez de alimentos y medicinas, se suma la suspensión de ayudas sociales y el colapso del sistema de racionamiento. Muchos se ven obligados a hurgar en la basura o acudir a comedores comunitarios, como el SAF “Las Margaritas”, donde una comida cuesta apenas 13 pesos, en medio del alza de precios y el deterioro de viviendas.
La brecha entre quienes tienen acceso a divisas y quienes solo reciben ingresos en pesos agudiza la desigualdad. Mientras algunos ancianos viven con lo mínimo, otros enfrentan un futuro incierto y precario. “No tengo nada… la situación es sin futuro”, lamenta Lucy Pérez, una economista jubilada, en un país donde envejecer es resistir.

















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