Asfura asume la presidencia de Honduras con apoyo de Trump, en un país marcado por la pobreza, la migración y los retos de seguridad y economía.
Asfura asume la presidencia de Honduras con apoyo de Trump tras una reñida elección que puso fin a cuatro años de gobierno de izquierda. El conservador Nasry Asfura juró el cargo en una ceremonia austera en el Congreso Nacional, en Tegucigalpa, donde afirmó: “Hago la promesa de ley de cumplir la Constitución, las leyes, como lo dice los sagrados mandamientos. Honduras, para servirte estamos”. Su llegada al poder consolida un nuevo aliado para Washington en Centroamérica.
El nuevo mandatario, exalcalde y empresario de 67 años, gobernará un país donde la pobreza afecta al 60 % de los 11 millones de habitantes y cuya economía depende en gran medida de Estados Unidos. Las remesas enviadas por unos dos millones de migrantes hondureños, en su mayoría sin estatus legal, representan cerca de un tercio del PIB. En el plano internacional, Asfura ha manifestado su intención de revisar las relaciones con China y evaluar un posible acercamiento con Taiwán, en medio del pulso entre Washington y Pekín.
En materia de seguridad, Asfura enfrenta el desafío de combatir el narcotráfico y a las pandillas Mara Salvatrucha y Barrio 18, declaradas terroristas por Estados Unidos. Aunque ha señalado que no renovará el estado de excepción vigente, promete actuar “de frente contra los mareros” y fortalecer la cooperación con Washington. Al mismo tiempo, busca atraer inversión extranjera, desarrollar infraestructuras y reducir el gasto público en un país con una deuda que ronda el 45 % del PIB.

















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