Trump propone una reconstrucción y control político en Venezuela, con una transición dirigida por Washington y paralelos con la guerra de Irak.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presentó un escenario pos-Maduro en Venezuela que incluye la reconstrucción de la infraestructura petrolera y un gobierno de transición bajo supervisión directa de Washington. El planteamiento, expuesto ante el público estadounidense, recordó a muchos la estrategia aplicada tras la invasión de Irak en 2003, aunque la actual Administración asegura que no busca repetir los errores cometidos entonces. A diferencia de aquel conflicto, Trump ha sugerido diálogo con la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, como parte de una salida controlada sin el liderazgo de Nicolás Maduro, actualmente detenido en Nueva York.
Trump no descartó una presencia militar prolongada ni el despliegue de tropas para garantizar la estabilidad del país suramericano. “No nos va a costar nada, porque el dinero que va a venir de debajo del suelo es muy sustancial. No nos va a costar nada. Queremos seguridad (en Venezuela) y queremos estar rodeados de países que no son hogar de nuestros enemigos en el mundo”, afirmó el mandatario. Desde la Casa Blanca se insistió en que la operación para capturar a Maduro no constituye una invasión, sino una demostración de fuerza alineada con la filosofía conocida como ‘FAFO’, mencionada por altos funcionarios como el secretario de Estado, Marco Rubio, y el jefe del Pentágono, Pete Hegseth.
Las reacciones no se hicieron esperar. Figuras como el exasesor de Seguridad Nacional John Bolton celebraron el golpe y hablaron abiertamente de un “cambio de régimen”, mientras analistas compararon el rol de Rubio con el de Paul Bremer en Irak. Aunque editoriales como el de The Washington Post destacaron el poderío militar demostrado por Washington, expertos advirtieron que la fase más compleja será la posterior: la vigilancia y estabilización de una sociedad fragmentada, armada y con estructuras estatales debilitadas. Así, la estrategia de Trump abre un debate sobre hasta dónde llegará el intervencionismo estadounidense en América Latina.

















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