En la isla filipina de Pugad, 2.500 habitantes luchan contra las mareas que inundan sus calles, mientras el mar amenaza con desaparecer el territorio.
En la isla de Pugad, al norte de Filipinas, las mareas crecientes se han convertido en parte de la rutina diaria de sus 2.500 habitantes. Las aguas inundan las calles varias veces por semana, obligando a las familias a elevar sus viviendas y a los comerciantes a improvisar estructuras para proteger sus productos. Incluso las escuelas ajustan sus horarios según la marea, para reducir el riesgo de enfermedades transmitidas por las crecidas.
Expertos advierten que la situación es crítica. El terreno se hunde a un ritmo de 11 centímetros al año, el más rápido de Filipinas, debido a la sobreexplotación de aguas subterráneas y al aumento del nivel del mar, que en este país avanza tres veces más rápido que la media mundial. Según el geólogo Mahar Lagmay, esta combinación de factores amenaza con sumergir por completo la isla.
Aunque algunas medidas locales, como la prohibición de perforar pozos, buscan frenar el hundimiento, los pobladores ven cómo el mar avanza sin freno. Muchos han gastado sus ahorros en levantar sus casas, mientras líderes comunitarios advierten que sin políticas nacionales efectivas y compromisos internacionales para reducir emisiones, la vida en la isla difícilmente podrá volver a la normalidad.

















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